TOWARD A NECESSARY MODIFICATION OF AML / CFT SYSTEMS

Aporte al Programa Future of Financial Intelligence Sharing-FFI  promovido por el Royal United Services Institute sobre el Reporte denominado The Role of Financial Information Sharing Partnerships in the Disruption of Crime, realizado por el Lic. Zenon Biagosch

The world is currently facing a great challenge:  to identify and disrupt the flows of money from serious criminal activities. The range of the estimated size of the problem varies between different international organizations (BID, Tax Justice Network, Global Financial Integrity, FATF, ACFE, etc.) but it is possible that the income generated by certain serious crimes, such as money laundering, tax evasion, corruption, fraud, cybercrimes and counterfeiting accounts for between 8% and 15% of global GDP. At this scale, this is a problem which is likely to be affecting the integrity, transparency and healthy functioning of all economies.

My academic and professional activity in the past 20 years allow me to give a view from different perspectives on the evolution of the system designed to prevent and deter money-laundering and the financing of terrorism in the Republic of Argentina.

In the public sector, I had the opportunity to promote relevant public policies, as well as being a regulator and supervisor of our financial system and have represented my country in front of important international forums (CICAD/OAS, FATF, EGMONT, etc.). In the private sector, I was regulated and have advised clients to meet obligations under anti-money laundering laws. This experience, together with the development of my academic study of the issue, has unfortunately led me to develop a critical view of the historical functioning of our prevention system for financial crime in Argentina.

My experience does not allow me to affirm that we have achieved the desired objectives of seriously disrupting financial crime.

If we intend to change that reality, which is repeated in many countries beyond my own, the first aspect to consider is the need to understand that the traditional mechanisms of generating, exchanging and using financial information to detect and disrupt crime are not producing the expected results.  The modus operandi over the last 20 years has seen financial institutions forced to work as isolated actors, generating information for the use of the competent authorities, such as the SAR (suspicious activity report), without receiving any feedback or having the possibility to share this information with their peers. If we are to improve the system, then this disconnected and inefficient approach to generating intelligence from the financial sector must be tackled.

However, over recent years we can perceive a positive change in regulatory and policy trends. We are seeing an increased effort to ensure that regulatory expectations on the private sector to report information are in line with the priorities of law enforcement agencies that are responsible for using that intelligence. In theory, obligations on the private sector to report information and exchange data should enrich potential law enforcement investigations of financial crime. The different developments around the world, such as described in the RUSI study of Financial Information-Sharing Partnerships, including models established in the United Kingdom, Canada, Australia, Hong Kong, the United States and Singapore, describe a new paradigm to achieve this objective, which can be adopted by other countries.

The recommendations of the paper set out how policies and procedures can be oriented to exploit the available financial and transaction information from the private sector for the purposes of analysis, intelligence and subsequent investigation, whilst always respecting appropriate confidentiality. The paper highlights that such information sharing should be underpinned by legal frameworks that preserve basic principles such as the presumption of innocence and the protection and confidentiality of information.

We will only be successful if we achieve a change of the regulatory and policy paradigm jointly among all public and private sector actors that have mutual objectives. We must not forget that we are facing a scale of financial criminality that has the capacity to affect our institutional, economic and social orders. We must remember that money must serve man and not govern it.

 

HACÍA UNA NECESARIA MODIFICACIÓN DE LOS SISTEMAS DE AML/CF

En la actualidad el mundo se encuentra frente a un gran desafío, que es el de controlar los importantes flujos de dinero provenientes de actividades ilegales.

Con el objetivo de cuantificar la gravedad de dicho desafío podríamos mencionar que frente a un PBI global estimado en unos 75 trillones de dólares americanos, distintas organizaciones internacionales (BID, Tax Justice Network, Global Financial Integrity, FATF, ACFE, etc.), valoran que los ingresos generados por ciertos delitos graves tales como el lavado de dinero, evasión fiscal, corrupción, fraude, cyberdelitos, contrabando y falsificación, etc. alcanzan aproximadamente entre un 8% a 15% de dicho PBI, afectando a la integridad financiera mundial.

Esos mercados solo pueden operar si existe un mercado aún más grave e importante que es el de la compra y venta de voluntades, de públicos y privados. Esto genera dominación, dependencia y contamina la transparencia y el sano funcionamiento de cualquier economía.

El desempeño de mi actividad académica, laboral y profesional de los últimos veinte años me permiten dar una visión desde distintas perspectivas sobre la evolución del sistema integral de prevención del lavado de activos y del financiamiento del terrorismo en la República Argentina.

En el Sector Público tuve la oportunidad de ser promotor de políticas públicas en la materia, así como ser regulador y supervisor de nuestro Sistema Financiero y haber representado a mi país frente a importantes Foros Internacionales (CICAD/OEA, FATF, EGMONT, etc.). En el Sector Privado fui Sujeto Obligado por ser miembro del Directorio de una Entidad Financiera y asimismo asesor y consultor independiente.

Todo ello complementado con el desarrollo de diferentes actividades académicas, lamentablemente me obligan a tener una visión crítica respecto del funcionamiento de nuestro sistema integral de prevención. Si bien el mismo nos muestra que en la actualidad existe un cambio de tendencia, el balance de estos veinte años no me permite afirmar que hemos logrado los objetivos buscados.

Si pretendemos cambiar esa realidad, que se repite en muchos países, el primer aspecto a considerar es la necesidad de comprender que los mecanismos tradicionales de generación, intercambio y uso de la información financiera para encarar investigaciones efectivas no están dando los resultados esperados. Son muchos los recursos invertidos tanto de públicos como de privados, pero aun así el mal sigue dominando.

El proceso natural donde las entidades financieras se ven obligadas a trabajar como actores aislados generando información para uso de las autoridades competentes, tales como los ROS, sin recibir ningún feedback ni posibilidad de compartir dicha información con sus pares, pareciera ser un mecanismo en extinción. Esta visión se complementa con la necesidad que los organismos de regulación y control también puedan intercambiar datos para enriquecer una potencial investigación.

Las diferentes corrientes internacionales, tales como los modelos de FISP (Financial Information-Sharing Partnershipsestablecidos en Reino Unido, Canadá, Australia, Hong Kong, Estados Unidos y Singapur, como así las recomendaciones del programa FFIS (Future of Financial Intelligence Sharing), reflejan un nuevo paradigma a seguir.

Las políticas y procedimientos deben estar orientados a explotar de una forma distinta la información financiera disponible con fines de análisis, inteligencia y posterior investigación. Siempre resguardando los requisitos de confidencialidad que deben regir en este tipo de procesos. Ello complementado con reformar a los marcos jurídicos que preserven principios básicos como el de presunción de inocencia y el de protección y confidencialidad de la información.

El desafío solo será exitoso si logramos un cambio de paradigma en forma conjunta entre todos los actores del sector público y privado que posean una comunión de objetivos. No debemos olvidar que estamos frente a un poder real con capacidad de afectar a nuestros ordenes institucionales, económicos y sociales. Debemos recordar que el dinero debe servir al hombre y no gobernarlo.

 

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