La importancia del sistema educativo en un plan integral de prevención

COLUMNA DE OPINION

Dr. Fernando Di Pasquale | El autor destaca la iniciativa que plantea la necesidad de comenzar a formar a los estudiantes universitarios en materia de prevención y detección del lavado de dinero. Señala que es esencial contar con una fuerte participación del sector educativo a efectos de generar un ambiente de consciencia en nuestra sociedad. | 28/10/2014

El pasado 23 de octubre fuimos convocados, en representación de la Pontificia Universidad Católica Argentina (UCA), por el presidente de la Comisión de Prevención de Adicciones y Control del Narcotráfico de la Honorable Cámara de Diputados de la Nación a los efectos de debatir acerca del rol de las universidades y el compromiso que estas debieran asumir frente a la lucha contra el narcotráfico.

Para ello se puso a consideración una propuesta legislativa (proyecto de ley), la cual propone incluir contenidos de prevención y detección del lavado de dinero en ciertas carreras universitarias.

Desde ya que la UCA celebra que el Poder Legislativo se ocupe de esta temática sobre NARCOTRAFICO Y PREVENCION DE LAVADO DE ACTIVOS, abordada desde el punto de vista educativo que tanto tiene que ver con una de las políticas primordiales y centrales para comenzar a combatir el narcotráfico – que es la PREVENCIÓN.

Vale la pena recordar la importancia de este tema citando a Ricardo Lorenzetti, presidente de nuestra Suprema Corte de Justicia, quien el pasado 6 de marzo en el acto de apertura del año judicial, instó a todos los poderes del Estado para que se hagan cargo de encontrar soluciones al problema del narcotráfico, al cual calificó como prioritario ya que “está afectando el Estado de Derecho”.

Dichas palabras surgen seguramente a partir de verificar que la oferta, producción, tráfico y consumo de drogas ilícitas aumentaron en forma alarmante en nuestro territorio en los últimos 15 años.

Según la Oficina de Naciones Unidas contra las Drogas y el Delito, la Argentina se convirtió en el país de mayor consumo per cápita de cocaína y marihuana de toda la región, con niveles de prevalencia similares a los de EE.UU o de los países europeos occidentales.

Demás está decir que esto implica también que creció el flujo de dinero derivado de los beneficios originados en dicho consumo.

Toda la Iglesia y en particular la UCA, hace tiempo viene advirtiendo acerca de la gravedad del fenómeno del narcotráfico y sus negocios, de su poder de corrupción y de su capacidad de afectación a los órdenes económico, político-institucional y social dadas las grandes sumas de dinero que administran.

Los efectos del narcotráfico hoy ya nadie los puede ocultar. Nuestro propósito es frenar su dramático avance. Para esto necesario es diagramar una política de estado integral y multidisciplinaria.

Uno de los eslabones de esta política de estado debería ser la PREVENCION, la base y pilar de cualquier programa que se establezca.

Para ello, se requiere de un significativo esfuerzo de la estructura educativa pública y privada; y es por eso que celebramos que fuimos convocados al debate que mencionamos al inicio.

El resto de los eslabones deberían abarcar la asistencia social, el control de la producción, el control y represión del tráfico de estupefacientes y por último merece especial mención el eslabón que está relacionado al objetivo final de estas organizaciones criminales que es el de no sólo ganar dinero sino también lavarlo.

Monumental negocio si los hay, según estimaciones del Instituto Interregional de Investigación de las Naciones Unidas, que estiman que el crimen organizado genera entre el 3 y 5% del PBI mundial.

Los mismos estudios determinan que el narcotráfico movilizaría alrededor de 300 mil millones de dólares al año y, que puntualmente sobre el negocio de la cocaína hay estimaciones más precisas sobre sus ganancias las cuales rondaría los 90 mil millones de dólares cada 12 meses. La gran pregunta es donde va a parar esa semejante masa de dinero.

La experiencia en otros países nos indica que por medio de cuantiosas inversiones en corrupción logran hacer de cada jurisdicción un espacio ideal para sus objetivos, comprando todo lo que se interponga e influyendo en las estructuras de toma de decisiones ejecutivas, legislativas, de fiscalización y control.

En tal sentido resulta esencial promover una política de prevención y control del lavado de dinero con una fuerte participación del sector público y privado y en especial desde el sector educativo a efectos de generar un ambiente de consciencia en nuestra sociedad y de esa manera estar más preparados para cuando el crimen organizado pretenda operar en nuestra jurisdicción.

Es imprescindible no subestimar y minimizar las consecuencias. Es por ello que las Universidades también tienen que asumir un compromiso y deben contribuir desde lo académico en la concientización a nuestra sociedad y en particular a la futura clase dirigente argentina.

Debemos trasmitir la consciencia de que el narcotráfico y el lavado de dinero son fenómenos con un poder económico y de corrupción tan alarmante que permite lograr niveles de infiltración inimaginables, transformándolo sin lugar a dudas, en la principal amenaza para nuestro orden económico, político y social.

Desde ya que la UCA y el resto de las Universidades que participamos del debate, apoyamos y entendemos que la educación y formación de los futuros profesionales, en este tema tan particular, ayudará a concientizar a nuestra sociedad de este flagelo y a prevenir que la situación se torne irreversible como puede suceder en otros países.

Como dijo Evita: “El que no vive para servir, no sirve para vivir”. Que la educación que brindan las Universidades viva para servir en pos de nuestras futuras generaciones.

Fernando D. Di Pasquale

FIDESnet