Lavado de dinero, la variable oculta de la economía

 

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EDICIÓN IMPRESA

COLUMNISTAS 21.10.15 | 00:00

Zenón Biagosch, FIDESnet

La agenda económica ocupa uno de los lugares centrales en el escenario preelectoral y desde los espacios políticos con posibilidades de acceder al gobierno se presentan diagnósticos y propuestas acerca de diversas problemáticas tales como el estancamiento, la baja inversión, el nivel de inflación, la caída de reservas, el cepo cambiario, los déficit fiscal y de cuenta corriente externa, la expansión monetaria, las tasas reales negativas, la presión tributaria, la fuga de capitales, los subsidios, las limitaciones para el endeudamiento externo, la renegociación con los holdouts, etc.

Más allá de las coincidencias y discrepancias acerca de estos asuntos y de que algunos tengan posiciones más explícitas y con mayor vocación para su debate, lo cierto es que acerca de estos y otros temas de la economía es posible acceder a información cuantitativa y cualitativa que permiten ponderar la problemática y tener insumos para la toma de decisiones, aún con las posibles distorsiones de ciertas estadísticas oficiales.

Otro de los temas con justificada presencia protagónica en la agenda electoral es el de la inseguridad en general y en particular el del narcotráfico, una de las más desafiantes y amenazantes cuestiones para la futura gestión.

Acerca del narcotráfico y el consumo de drogas el Papa Francisco en sus recientes discursos en las Naciones Unidas y el Capitolio de Estados Unidos, señaló que viene cobrándose la vida de millones de personas en forma silenciosa y que la lucha contra ese flagelo, a la cual calificó como una guerra, involucra también a la trata de personas, el lavado de activos, el tráfico de armas, la explotación infantil y otras formas de corrupción.

El Santo Padre también advirtió que ese fenómeno ha penetrado distintos niveles de vida, social, política, artística y religiosa, generando una estructura paralela que pone en riesgo la credibilidad de nuestras instituciones.

Las palabras de nuestro Papa acerca de este combo explosivo debieran interpelarnos y convencernos que esas realidades delictivas y sus derivaciones económicas pueden transformarse en la variable con mayor poder de desestabilización de los órdenes económico-financiero y político-institucional de nuestro Estado.

Aunque esas amenazas a la estabilidad sean más graves que cualquiera de los asuntos económicos antes mencionados, es triste aseverar que acerca de la economía del crimen en nuestro país no sólo no existen datos precisos, sino que ni siquiera hay una metodología establecida para obtenerlos.

Esta información resulta imprescindible dado que las derivaciones económicas de las hoy denominadas empresas criminales son causa y consecuencia de esta problemática. Son causa dado que el objetivo primordial de estas organizaciones criminales es obtener réditos económicos y son consecuencia porque parte de los cuantiosos beneficios que genera esta actividad se destinan a comprar voluntades para poder operar con tranquilidad y montar una logística de distribución, que en general involucra a jóvenes que son captados por estas redes criminales dado que están sumidos en una marginalidad casi esclavista.

Frente a la magnitud que implica ese desafío es un equívoco creer que puede ser abordado por un único organismo o unidad, por mayores facultades que le otorguemos. Antes bien, esta temática debe ser atendida como parte central de una política integral en materia económica y también de seguridad.

Un buen ejemplo a considerar es la solución institucional adoptada por los Estados Unidos post 09/11, donde se creó una Subsecretaría de Estado de rango cuasi ministerial en el ámbito del Departamento del Tesoro, para atender las derivaciones económicas de aquel brutal atentado.

Ello en el entendimiento que esta temática debe ser abordada por una instancia responsable de formular políticas públicas y no sólo desde un organismo de carácter técnico/operativo como puede ser la UIF, por más eficiente que pueda ser.

Resulta esencial también federalizar el tratamiento de esta problemática, involucrando a las instancias gubernamentales provinciales. Asimismo se la debe incorporar como tema central en las relaciones internacionales por ser quizás el principal ítem de la agenda negativa internacional actual.

En base a lo expuesto esperamos que quienes tengan la responsabilidad política de establecer la estrategia para volver a la senda del crecimiento y del equilibrio macroeconómi co entiendan la necesidad de incorporar esta temática en esa agenda de prioridades. De lo contrario el factor con mayor capacidad de desestabilizacion de nuestra economía, seguirá siendo una variable oculta.